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Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva de Steven Covey

Publicado por Nadia Benites en

El libro los 7 hábitos de la gente altamente efectiva es del escritor, orador, educador y empresario Steven Covey, quien nos indica que nuestro carácter está compuesto por nuestros hábitos.

 

Y que los 7 que nos detalla en su libro no son partes independientes, sino que en su conjunto forman un enfoque integrado del desarrollo de la efectividad personal e interpersonal, pasando de la dependencia, hacia la independencia y por último hacia la interdependencia.

 

Acá te voy a dejar algunos puntos importantes del libro, también podrás escucharlo completo en el podcast .

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Si te interesa comprar este libro te dejo el link donde podrás encontrarlo tanto en formato físico como digital:

Introducción

El primer concepto que plantea Steven en su libro es que para lograr un crecimiento personal y efectividad en nuestras vidas es necesario trabajar sobre el carácter.

 

Que es en lo que se centraban los libros que hablaban sobre el éxito desde más o menos 1770 a 1920, lo que se denominaba la ética del carácter como cimiento del éxito, es decir, en cosas tales como la integridad, la humildad, la fidelidad, la mesura, el valor, la justicia, la paciencia, el esfuerzo, la simplicidad, la modestia.

 

Pero poco después de la Primera Guerra Mundial la concepción básica del éxito pasó de la ética del carácter a lo que podría llamarse la ética de la personalidad.

 

El éxito pasó a ser más una función de la personalidad, de la imagen pública, de las actitudes y las conductas, habilidades y técnicas que hacen funcionar los procesos de la interacción humana.

 

La ética de la personalidad, en lo esencial, tomó dos sendas: una, la de las técnicas de relaciones públicas y humanas, y otra, la actitud mental positiva.

 

Sin embargo, uno de los defectos básicos de la ética de la personalidad consiste en que tratar de cambiar nuestras actitudes y conductas es prácticamente inútil a largo plazo si no examinamos los paradigmas básicos de los que surgen esas actitudes y conductas.

 

Si lo que se pretende es realizar en nuestra vida cambios relativamente menores, puede que baste con que nos concentremos en nuestras actitudes y conductas. Pero si aspiramos a un cambio significativo, equilibrado, tenemos que trabajar sobre nuestros paradigmas básicos.

 

Sobre este nuevo nivel de pensamiento trata este libro.

 

Nuestro enfoque de la efectividad personal e interpersonal se centra en principios y se basa en el carácter; es «de adentro hacia afuera».

 

De adentro hacia afuera significa empezar por la persona; más fundamentalmente, empezar por la parte más interior de la persona: los paradigmas, el carácter y los motivos.

 

Hábitos

 

Antes de pasar a cada uno de los 7 hábitos que nos ayudarán a trabajar de adentro hacia afuera es importante entender que son los hábitos y tener una visión general.

 

Los hábitos se crean cuando convergen el conocimiento, la capacidad y el deseo.  Recordemos un poco de geometría e imaginemos 3 círculos unidos, el espacio donde se cruza el círculo del conocimiento, con el círculo de la capacidad y el circulo del deseo es donde se crean los hábitos.

El conocimiento es el paradigma teórico, el qué hacer y el por qué, la capacidad es el cómo hacer y el deseo es la motivación, el querer hacer.

 

Si no se trabaja en esas 3 dimensiones no se crea el hábito.

 

Al trabajar en los 7 hábitos se va a lograr pasar de la dependencia, a la independencia y finalmente a la interdependencia.

 

  • La dependencia es el paradigma del tú: tú cuidas de mí; tú haces o no haces lo que debes hacer por mí; yo te culpo a ti por los resultados.
  • La independencia es el paradigma del yo: yo puedo hacerlo, yo soy responsable, yo me basto a mí mismo, yo puedo elegir.
  • La interdependencia es el paradigma del nosotros: nosotros podemos hacerlo, nosotros podemos cooperar, nosotros podemos combinar nuestros talentos y aptitudes para crear juntos algo más importante.

 

El concepto de interdependencia es mucho más maduro, más avanzado.

 

  • Si soy físicamente interdependiente, soy capaz y dependo de mí mismo, pero también comprendo que tú y yo trabajando juntos podemos lograr mucho más de lo que puedo lograr yo solo, incluso en el mejor de los casos.
  • Si soy emocionalmente interdependiente, obtengo dentro de mí mismo una gran sensación de valía, pero también reconozco mi necesidad de amor, de darlo y recibirlo.
  • Si soy intelectualmente interdependiente, comprendo que necesito mis propios pensamientos con los mejores pensamientos de otras personas.

 

Los hábitos 1, 2 y 3 llevan a una persona de la dependencia a la independencia, a la esencia del desarrollo del carácter. El autor denomina a este trío como el conjunto de victorias privadas, se centran en trabajar primero en uno mismo.

 

Los hábitos 4, 5 y 6 están más orientadas hacia la personalidad, el trabajo de equipo, la cooperación y la comunicación, y el autor las denomina las victorias públicas.

 

El hábito 7 es el hábito de la renovación, que abarca a todos los otros hábitos.

 

Primer hábito: Sea proactivo

La idea básica es que estamos condicionados para responder de un modo particular a un estímulo concreto.

 

Pero gracias al privilegio humano de la autoconciencia se descubre que entre el estímulo y la respuesta, el ser humano tiene la libertad interior de elegir.

 

Es decir, tenemos conciencia moral, una profunda percepción interior de lo que es correcto o incorrecto, de los principios que gobiernan nuestra conducta, y de la medida en que nuestros pensamientos y acciones están en armonía con dichos principios.

 

Y tenemos voluntad independiente, capacidad para actuar sobre la base de nuestra autoconciencia, libres de cualquier otra influencia.

 

Entonces ser proactivo no significa sólo tomar la iniciativa. Significa que, como seres humanos, somos responsables de nuestras propias vidas. Nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones.

 

Tenemos la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

 

La palabra responsabilidad está compuesta por dos palabras: responder y habilidad, entonces su traducción sería habilidad para elegir la respuesta.

 

Las personas muy proactivas reconocen esa responsabilidad. No dicen que su conducta es la consecuencia de las condiciones, el condicionamiento o las circunstancias.

 

Su conducta es un producto de su propia elección consciente; se basa en valores, y no es producto de las condiciones ni está fundada en el sentimiento.

 

Las personas reactivas por su parte se ven afectadas por el ambiente social. Cuando se las trata bien, se sienten bien; cuando no las tratan bien, se vuelven defensivas o autoprotectoras.

Las personas reactivas construyen sus vidas emocionales en torno a la conducta de los otros, permitiendo que los defectos de las otras personas las controlen.

 

Las personas reactivas se ven impulsadas por sentimientos, por las circunstancias, por las condiciones, por el ambiente. Las personas proactivas se mueven por valores: valores cuidadosamente meditados, seleccionados e internalizados.

 

Cuando se piensa en proactividad se piensa también en iniciativa. Tomar la iniciativa no significa ser insistente, molesto o agresivo. Significa reconocer nuestra responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

 

No esperar que los demás actúen, es uno mismo quien tiene la responsabilidad de actuar. Si se espera que los demás actúen sobre uno, entonces efectivamente actuarán sobre uno mismo.

 

La forma de reconocer si somos proactivos o reactivos es escuchando nuestro lenguaje. El espíritu del lenguaje reactivo está en transferir la responsabilidad.  Por ejemplo:

  • No puedo hacer nada.
  • Yo soy así.
  • No lo permitirán.
  • Tengo que hacer eso.
  • No puedo.
  • Debo.

 

Un serio problema del lenguaje reactivo es que se convierte en una profecía de autocumplimiento.

 

Círculo de preocupación / círculo de influencia

 

Otro modo excelente de tomar más conciencia de nuestro propio grado de proactividad consiste en examinar en qué invertimos nuestro tiempo y nuestra energía. Hay una amplia gama de cosas que nos preocupan, ubiquémoslas en un circulo, que determinaremos el circulo de preocupación.

 

Ahora examinando todas aquellas preocupaciones que hemos situado ahí podemos determinar sobre cuales no tenemos control real y sobre cuales podemos hacer algo, a estas últimas las podemos agrupar dentro de un nuevo círculo mas pequeño llamado círculo de la influencia.

 

Las personas proactivas centran sus esfuerzos en el círculo de influencia. Se dedican a las cosas con respecto a las cuales pueden hacer algo.

Las personas reactivas centran sus esfuerzos en el círculo de preocupación. Su foco se sitúa en los defectos de otras personas, en los problemas del medio y en circunstancias sobre las que no tienen ningún control. El problema es que cada vez que se enfocan en el círculo de preocupación van achicando más y más el círculo de influencia.

 

 

Los «tener» y los «ser»

 

Un modo de determinar cuál es nuestro círculo de preocupación consiste en distinguir los «tener» y los «ser».

 

El círculo de preocupación está lleno de «tener», tengo que ganar más dinero, tengo que terminar la universidad. El círculo de influencia está lleno de «ser»: puedo ser más paciente, ser sensato, ser cariñoso. El foco está en el carácter.

 

Entonces, siempre que pensemos que el problema está allí afuera, este pensamiento es el problema. Otorgamos a lo que está ahí fuera el poder de controlarnos. El paradigma del cambio es entonces de afuera hacia adentro: lo que está afuera tiene que cambiar antes que cambiemos nosotros.

 

El enfoque proactivo consiste en cambiar de adentro hacia afuera: ser distinto, y de esta manera provocar un cambio positivo en lo que está allí afuera: puedo ser más ingenioso, más diligente, más creativo, más cooperativo.

 

Al decir que no soy responsable, hago de mí una víctima impotente; me inmovilizo en una situación negativa.

 

En el corazón mismo del círculo de influencia se encuentra nuestra aptitud para comprometernos y prometer, y para mantener compromisos y promesas.

 

En este punto encontramos dos modos de tomar de inmediato el control de nuestras vidas. Podemos hacer una promesa y mantenerla. O establecer una meta y trabajar para alcanzarla.

 

El poder de comprometernos con nosotros mismos y de mantener esos compromisos es la esencia del desarrollo de los hábitos básicos de la efectividad.

 

Segundo hábito: Empiece con un fin en mente

La aplicación fundamental de empezar con un fin en mente consiste en empezar hoy con la imagen o el cuadro como marco de referencia de todas las otras cosas.

 

Cuan distintas son nuestras vidas cuando sabemos qué es lo verdaderamente importante para nosotros, y, manteniendo ese cuadro en mente, actuamos cada día para ser y hacer lo que en realidad nos interesa.

 

El hábito de empezar con un fin en mente se basa en el principio de que todas las cosas se crean dos veces. Siempre hay primero una creación mental, y luego una creación física.

 

Sin autoconciencia en nuestra vida personal, no podremos hacernos responsables de esas primeras creaciones, y dejaremos que sean los demás, o las circunstancias fuera del círculo de influencia las que den forma a nuestra vida.  Esto sucede por nuestras vulnerabilidades, por la dependencia hacia los demás, por la necesidad de sentir que valemos o para sentir que importamos.

 

Este segundo hábito se basa en principios de liderazgo personal, y el autor da un concepto clave para entender la diferencia entre liderazgo y administración.

 

Liderar implica entender cuales son las cosas que quiero realizar, administrar en cambio aborda el cómo hacer mejor las cosas.

 

Si lo juntamos con el tema de las dos creaciones, podemos decir que el liderazgo es la primera creación y la administración es la segunda.

 

La proactividad se basa en el privilegio humano de la autoconciencia. Los dos privilegios humanos adicionales que nos permiten ampliar nuestra proactividad y ejercer el liderazgo personal en nuestras vidas son las imaginación y la conciencia moral.

 

Como soy autoconsciente, como tengo imaginación y conciencia moral, puedo examinar mis valores más profundos, comprender que el guión con el que vivo no está en armonía con esos valores, que mi vida no es el producto de mi propio designio proactivo, sino el resultado de la primera creación que he dejado en manos de las circunstancias y de otras personas.

 

Y puedo cambiar. Puedo vivir a partir de mi imaginación y no de mi memoria. Puedo relacionarme con mi potencial ilimitado en lugar de hacerlo con mi pasado limitador. Puedo convertirme en mi propio primer creador.

 

¿Cómo empezar con este segundo hábito?

Elaborando la propia Constitución personal, es decir, plasmar cuales son tus credos personales, que se basan en los valores y principios de tu ser, y que delimitan lo que tú quieres ser (es decir como va a ser tu carácter) y lo que quieres hacer (o sea tus logros y aportes).

 

Aquí 4 enunciados como ejemplo de un credo personal:

  • Nunca te comprometas con la deshonestidad.
  • Pide consejo a otros.
  • Planifica hoy el trabajo de mañana.
  • Facilita el éxito de tus subordinados.

 

Para empezar a escribir esa constitución personal hay que ir nuevamente al círculo de influencia, pero esta vez al centro, que es donde están los paradigmas más básicos y los lentes con los que miras al mundo.

 

Entonces hacer una introspección para poder estar en contacto con tu visión y tus valores, con tu autoconciencia para examinar tus mapas mentales, para llegar a la brújula que te ayude a detectar tus talentos y tus áreas de contribución.  Para que puedas utilizar tu imaginación para hacer tu primera creación, observar aquello que quieres obtener, darle una dirección y una finalidad, y basado en todo eso empezar a plasmar por escrito tu constitución personal.

 

Lo que haya en el centro de nuestra vida será nuestra fuente de seguridad, guía, sabiduría y poder.

 

La seguridad representa nuestro sentido de la valía, nuestra identidad, nuestra base emocional, nuestra autoestima, nuestra fuerza personal básica

 

Por guía se entiende la fuente de dirección en la vida. De acuerdo a nuestro mapa aquí se encuentran las normas, principios o criterios implícitos que día tras día gobiernan nuestras decisiones y acciones.

 

La sabiduría es nuestra perspectiva de la vida, nuestro sentido del equilibrio, nuestra comprensión del modo en que se aplican los diversos principios y partes, y de las relaciones que establecen entre sí.

 

El poder es la capacidad o facultad de actuar, la fuerza y potencia para realizar algo. Es la energía vital para elegir y decidir.

 

Cuando esos cuatro factores están presentes juntos, armonizándose y vivificándose entre sí, dan origen a la gran fuerza de una personalidad noble, un carácter equilibrado, un individuo hermosamente integrado.

 

Identifiquen cual es el centro de sus vida.

 

Tomen consciencia de los propios paradigmas de sus vida, comprendan como hay que cambiarlos, y luego trabajen en ello.  Creen su constitución personal y pónganla en el centro de todo.

Tercer hábito: Establezca primero lo primero

El tercer hábito es el fruto personal, la realización práctica del primero y el segundo.

 

El tercer hábito es la segunda creación, la creación física. Es la realización, la actualización, la aparición natural del primero y el segundo hábito. Es el ejercicio de la voluntad independiente que pasa a ser centrado en principios. Es la puesta en práctica incesante, momento a momento.

 

El cuarto privilegio humano es la capacidad para tomar decisiones y elegir, y después actuar en consecuencia, denominado la voluntad independiente.  La administración efectiva consiste en empezar por lo primero. La administración es disciplina, puesta en práctica.

 

La disciplina proviene del interior; es una función de la voluntad independiente.  Y es lo que diferencia a las personas exitosas de las que no lo son.

 

En el tercer hábito abordamos muchas de las cuestiones concernientes al campo de la administración de la vida y el tiempo.

 

Los 2 factores que determinan una actividad son Urgente e Importante.  Urgente significa que necesita atención ahora.  Lo importante en cambio tiene que ver con resultados, y realiza una aportación a nuestra misión, metas o valores.

Los 4 cuadrantes, en la fila Horizontal tenemos Urgente, No Urgente, en la columna vertical se encuentran Importante, No importante.

 

  • En el cuadrante I se encuentra lo que es Urgente e Importante, es decir aquello relevante que necesita acción inmediata, generalmente denominados crisis o problemas.
  • En el cuadrante III está lo urgente pero no importante, pensando que están en el cuadrante I, cuando en realidad la urgencia está basada en las expectativas y prioridades de otros.
  • En el cuadrante IV están las actividades que no son ni urgentes ni importantes, por ejemplo trivialidades, algunas llamadas telefónicas, actividades agradables.
  •  El cuadrante II es el corazón de la administración personal efectiva. Trata las cosas que no son urgentes pero si importantes, estas generalmente requieren de nuestra proactividad, ya que al no ser urgentes solemos eludirlas.  Son todas aquellas actividades que sabemos que hay que hacer.

 

Las personas efectivas pasan casi nada de tiempo en los cuadrantes III y IV, dedican mucho tiempo al cuadrante II y producto de esto las actividades del cuadrante I se reducen drásticamente.

 

¿Cómo se hace para poder dedicar tiempo al cuadrante II cuando existen actividades aparentemente urgentes en los otros cuadrantes?,

 

La respuesta es aprendiendo a decir que NO.  Si tienes claro el foco en lo importante, si has internalizado que todo aquello que está en el cuadrante dos va acorde a tus valores, a tu constitución personal y es lo que te acerca más a la segunda creación, es decir, a la de lo físico, podrás entonces decir NO a todo lo demás, con cortesía y educación.

 

Si las actividades del cuadrante II constituyen claramente el corazón de la administración personal efectiva, entonces:

¿Cómo organizamos y ejecutamos en función de ello?

 

Lo primero es hacerlo en base a la semana entera, y no una planificación diaria.

 

Luego identificar las roles a los cuales les vas a asignar tiempo, por ejemplo: esposo, hija, escritora, Jefe de Mantenimiento, Pediatra, etc.

 

Después seleccionar  2 o 3 metas que quieres lograr en esa semana para cada rol. Obviamente estas metas están relacionadas con las actividades del cuadrante II.

 

Siguiente paso es asignarles un tiempo a esas metas y agregarlas al calendario de los próximos 7 días.

 

Entonces ahora tienes agendado todo aquellos que es importante, y el resto del tiempo disponible puede ser llenado con las otras actividades, las que son urgentes e importantes por ejemplo.

 

El último paso entonces es hacer la planificación diaria, que va a consistir en ubicar en la agenda las otras actividades.

 

Como todo humano, habrán momentos de la semana que quizás queramos flaquear y dar prioridad a actividades de los otros cuadrantes, pero siempre que tengamos autoconciencia y conciencia moral, será más fácil recordar lo que realmente es importante,  así también surgirán nuevas cosas importantes, por lo que habrá que resignar horarios programados y atender las nuevas cosas importantes.

 

Un concepto importante: la delegación.

Si delegamos en el tiempo, pensamos en términos de eficiencia. Si delegamos en otras personas, pensamos en términos de efectividad.

 

Transferir la responsabilidad a personas aptas y adiestradas nos permite dedicar nuestras energías a otras actividades importantes.

 

Existen básicamente dos tipos de delegación: la delegación en recaderos y la delegación en encargados.

 

La delegación en recaderos significa: vaya a buscar esto, vaya a buscar aquello, haga esto, haga aquello, y avíseme cuando esté hecho. En esta se tiene que realizar una supervisión muy específica y la responsabilidad no es transferida, como tampoco la opción de que el otro decida algo.

 

La delegación en encargados se centra en los resultados y no en los métodos. Permite a las personas elegir sus métodos y las hace responsables de los resultados. Al principio lleva más tiempo, pero se trata de tiempo bien invertido.

 

Para ello es importante establecer con esa persona los 5 puntos que detallaré a continuación:

  • Resultados deseados. comprensión mutua y clara de lo que hay que lograr
  • Directrices. Identificar los parámetros dentro de los cuales debe operar el individuo.  No decir el cómo pero si decir el cómo no, hablar de los errores, cuales serán los posibles problemas, ser francos.
  • Recursos.  Humanos, económicos, técnicos con los que puede contar para la tarea
  • Rendición de cuentas. La evaluación de los resultados
  • Consecuencias. Especificar lo que sucederá, lo bueno y lo malo, como resultado de la evaluación.

 

Cuarto hábito: Pensar en ganar/ganar

Existen 6 paradigmas de la interacción humana, uno de ellos es ganar/ganar, y los demás son: gano/pierdes, pierdo/ganas, pierdo/pierdes, gano, ganar/ganar o no hay trato.

 

Veamos cada uno.

 

Ganar/Ganar

El de ganar/ganar procura el beneficio mutuo en todas las interacciones humanas. Es decir, ambas partes van a tener beneficios del acuerdo o soluciones a los que lleguen, ambos van a estar satisfechos con las decisiones tomadas. Ganar/ganar ve la vida como un escenario cooperativo, no competitivo.

 

Gano/Pierdes

Como estilo de liderazgo, gano/pierdes es el enfoque autoritario. Las personas del tipo gano/pierdes son proclives a utilizar la posición, el poder, los títulos, las posesiones o la personalidad para lograr lo que persiguen.

 

Acá algunos ejemplos de como una persona ha llegado a tener esa mentalidad:

  • Su familia lo comparaba con su hermano/hermana cuando era un niño, por lo que sentía que tenía que ser mejor para ganarse el amor de sus padres.
  • Por el mundo académico, donde el valor de alguien está definido por las notas que obtiene, y esto se basa en la comparación con otros.  Las calificaciones son portadoras de valor social; abren la puerta de las oportunidades o la cierran.
  • A través de los deportes, en el que se instituye el paradigma de que en la vida algunos ganan y otros pierden.

 

Pierdo/Ganas

Por su parte Algunas personas están programadas a la inversa: pierdo/ganas. Generalmente están deseosos de agradar, de apaciguar o de buscar aceptación. No poseen coraje para expresar sus sentimientos o convicciones y se intimidan fácilmente por la fuerza de la otra persona.

 

Pierdo/ganas es peor que gano/pierdes, es básicamente ceder o renunciar.

 

Seguro conoces a alguien del estilo pierdo/ganas, piensa en esa persona que evita confrontar, que se considera conciliador, que no expresa sus sentimientos y más bien los entierra, acumula y acumula, hasta que más adelante surgen pero de una peor manera.

 

Pierdo/ganas es una posición débil, basada en las inseguridades personales, y termina afectando la autoestima y la calidad de las relaciones con otros.

 

Pierdo/Pierdes

Cuando vemos este estilo? Cuando se juntan dos personas obstinadas, cerradas y egoístas, que son del estilo gano/pierdes, entonces el resultado de ese encuentro será pierdo/pierdes.

 

Pierdo/pierdes es la filosofía del conflicto, la filosofía de la guerra.

 

Gano

Una persona con mentalidad de «gano» piensa en términos de asegurarse sus propios fines, permitiendo que las otras personas logren los de ellas.  No tienen en su interior el deseo de que el otro pierda.

 

Ganar/ganar o no hay trato

Esta es una situación superior o elevada del ganar/ganar, porque se establece que si no se puede encontrar una solución que beneficie a ambas partes, de común acuerdo se consentirá que no hay trato.

 

Si uno no puede llegar a un verdadero acuerdo del tipo ganar/ganar, es preferible no pactar, optando por la variante del «no hay trato».

 

En ciertas relaciones cualquier cosa inferior a ganar/ganar es un pobre intento que afectará la relación a largo plazo, por eso es mejor poner sobre la mesa el no hay trato.

 

¿Cuáles son las bases para un ganar/ganar?.

 

Si bien ya dijimos que es el hábito del liderazgo interpersonal, este hábito se basa en 5 aspectos fundamentales:

 

Carácter

Para ello hay que tener 3 rasgos característicos: la integridad, que consiste en tener claridad de nuestros valores, aquellos que ya descubrimos en los primeros hábitos.  El otro rasgo es madurez, que el autor define como el equilibrio entre el coraje y el respeto, la capacidad para expresar los propios sentimientos y convicciones combinada con el respeto por los pensamientos y sentimientos de los demás.  El tercer rasgo es la mentalidad de abundancia, el paradigma de que en el mundo hay mucho para todos.

 

Relaciones

Las relaciones se construyen con base en el carácter, y la filosofía de ganar/ganar en las relaciones parte de la confianza y la credibilidad.  Porque cómo puedes intentar siquiera una transacción con alguien con quien no hay confianza, con quien no llegarías a tener una buena comunicación pues no hay credibilidad.  Por lo tanto para una filosofía ganar/ganar primero hay que trabajar en las relaciones que se construyen día a día.

 

Acuerdos

De las relaciones derivan los acuerdos, estos deben basarse en los 5 elementos que vimos al final del hábito 3, identificar los resultados deseados, dar directrices, indicar cuales son los recursos, establecer como será la rendición de cuentas y finalmente cuales serán las consecuencias.

 

Sistemas

Para que el paradigma ganar/ganar dé resultado, los sistemas tienen que brindarle sustento. El sistema de adiestramiento, el sistema de planificación, el sistema de comunicaciones, el sistema presupuestario, el sistema informativo, el sistema de recompensas: todos tienen que basarse en el principio del ganar/ganar.

 

Procesos

La negociación en si es un proceso que tiene cuatro pasos:

 

Primero, contemplar el problema desde el otro punto de vista. Procurar realmente comprender y dar expresión a las necesidades y preocupaciones de la otra parte, mejor aún de lo que esta última pueda hacerlo.

 

Segundo, identificar las cuestiones clave implicadas (y no los puntos de vista). Tercero, determinar qué resultados constituirían una solución total mente aceptable. Y cuarto, identificar nuevas opciones posibles para alcanzar esos resultados.

 

Quinto hábito: Procure primero comprender, y después ser comprendido

Este hábito implica evitar precipitarnos a dar un buen consejo y más bien empezar por escuchar atentamente a la otra persona con el afán de comprender su situación.

 

Escuchar realmente al otro no es algo sencillo para la mayoría de las personas, puesto que en nuestras vidas se han enfocado en que aprendamos la técnica de escribir, leer y hablar bien, sin embargo no la de escuchar con atención.

 

Si bien hoy en día hay técnicas para escuchar el autor nos invita a aplicar la comprensión verdadera, que la otra persona sienta que su preocupación o interés es real, que su intención de ayudar es verdadera, de tal forma que la otra persona esté dispuesta a abrirse y luego también a escuchar.

 

Existen cinco niveles para escuchar:

  • Ignorando: es decir no escuchamos en absoluto
  • Fingiendo: aplicando frases afirmativas: Si, correcto, hmmmja Ya,
  • Escucha selectiva: es decir solo escuchamos una parte de todo el diálogo
  • Escucha atenta: prestando toda nuestra atención
  • Escucha empática: escuchar con la intención de comprender.

 

Ampliando un poco mas la escucha empática, consiste en ver las cosas desde el marco de la otra persona, como esa persona ve el mundo, comprender lo que siente.

 

En este tipo de escucha se evita proyectar nuestra propia autobiografía, que consiste en filtrar todo a través de nuestros propios paradigmas, indicar que se sabe exactamente lo que siente el otro, que ya hemos pasado por algo similar, e incluso intentar contar nuestra propia experiencia y aconsejar de acuerdo a lo que ya a nos funcionó.

 

Profundizando en las respuestas autobiográficas, hay 4 tipos:

  • Cuando respondemos lo hacemos con una evaluación, es decir, estamos de acuerdo o disentimos,
  • Respondemos con un sondeo, formulamos preguntas partiendo de nuestro propio marco de referencia,
  • Respondemos con un consejo, sobre la base de nuestra experiencia
  • o respondemos con una interpretación, tratamos de descifrar a alguien, explicar sus motivos, su conducta, sobre la base de nuestros propios motivos y conductas.

 

Por eso en la escucha empática se procura primero entender y luego prescribir, haciendo la analogía a cuando un médico diagnostica y luego prescribe la receta.

 

Para esto se puede tomar como base la técnica que se ha aprendido en cursos o libros, pero adicionando el entender los sentimientos del otro.

 

Una de las técnicas consiste en imitar el contenido, básicamente repetir lo que el otro ha dicho, la siguiente consiste en parafrasear el contenido, la más efectiva consistirá en unir el parafraseo con el sentimiento, de esta forma al darle un aire psicológico ayudará al otro a elaborar sus propios pensamientos y sentimientos, esto hará incrementar la confianza y que desaparezcan las barreras, la persona comunicará realmente lo que tiene dentro, abrirá el alma.

 

Saber ser comprendido es la otra mitad del quinto hábito, igualmente esencial para alcanzar soluciones ganar/ganar.

 

Para esto hay que realizar planteamientos efectivos.

 

Esto se logra si primero le inspiramos confianza al otro, este tiene fe en nuestra integridad en nuestra credibilidad personal.  Segundo, si nosotros estamos alineados con la emoción de la comunicación de la otra persona.  Y tercero, haciendo una exposición razonada de nuestro planteamiento.

 

Sexto hábito: La sinergia

La sinergia es la manifestación de todos los otros hábitos reunidos.  Significa que el todo es más que la suma de sus partes.

 

Imaginemos una familia de 4 miembros, la fuerza que tiene la familia como un todo va a ser mucho mayor que si se suma individualmente la fuerza de cada miembro.

 

Las formas más altas de la sinergia se centran en los cuatro dones singulares humanos (autoconciencia, imaginación, conciencia moral, voluntad independiente), en el motivo ganar/ganar, y en las aptitudes para la comunicación empática. en los desafíos más crueles que afrontamos en la vida.

 

La esencia de la sinergia consiste en valorar las diferencias: respetarlas, compensar las debilidades, construir sobre las fuerzas.

 

Cuando uno se comunica con sinergia, simplemente abre su mente, su corazón y sus expresiones a nuevas posibilidades, nuevas alternativas, nuevas opciones.

 

Un ejemplo de sinergia se da en algunos casos en los deportes, cuando se comparte un espíritu de equipo, quedan atrás los egos y orgullos, en busca de un fin común, de un logro común.

 

Sin embargo, muchas personas no han experimentado la sinergia debido a que fueron programados para la comunicación defensiva, sin poder creer o considerar que se puede confiar en las demás personas.

 

Para llegar a la sinergia es importante tener apertura en la comunicación, pero a esto hay que agregarle también el nivel de confianza, si la confianza que se crea es de un nivel bajo entonces la comunicación será defensiva y autoprotectora, si el nivel de confianza es en cambio medio la comunicación será respetuosa, se evitarán las confrontaciones, pero es probable que no se abran a nuevas posibilidades.

 

Si el nivel de confianza es alto entonces habrá sinergia, ambas partes buscarán el ganar/ganar y estarán abiertos a nuevas perspectivas de ser necesarias, y en último recurso se inclinarían por el no hay trato, si consideran que las soluciones a las que llegan no satisfacen de igual forma a ambas partes.

 

Valorar las diferencias es la esencia de la sinergia, consiste en comprender que cada persona ve el mundo a través de sus propios lentes.

 

A menos que valoremos las diferencias de nuestras percepciones, a menos que nos valoremos recíprocamente y creamos en la posibilidad de que ambos tengamos razón, de que la vida no sea siempre un «o esto o aquello», de que casi siempre hay terceras alternativas, nunca podremos trascender los límites de ese condicionamiento.

 

La sinergia da resultados; es un principio correcto. Es la realización suprema de todos los hábitos anteriores. Es la efectividad en una realidad interdependiente: es formación del equipo, es trabajo de equipo, desarrollo de la unidad y la creatividad con otros seres humanos.

 

Séptimo hábito: Afile la sierra

Este hábito implica invertir en uno mismo, tanto a nivel físico, mental, emocional y espiritual.  Para ser efectivos debemos reconocer la importancia de dedicar tiempo regularmente a afilar la sierra en las cuatro áreas o dimensiones, como lo denomina el autor.

 

La dimensión física

La dimensión física supone cuidar efectivamente nuestro cuerpo físico: comer el tipo correcto de alimentos, descansar lo suficiente y hacer ejercicio con regularidad.

 

Dedicar al menos 30 minutos diarios a la actividad física.  Desarrollar la flexibilidad, la fuerza y la resistencia.

 

La dimensión espiritual

 

La dimensión espiritual es nuestro núcleo, nuestro centro, el compromiso con nuestro sistema de valores, un área muy privada de la vida.

 

La forma de renovar esta área es individual para cada uno, el autor comenta que él se refugia en la meditación de las Escrituras, pero hay personas que lo pueden hacer sumergiéndose en la literatura, en la música, o en la naturaleza.

Por ello es importante el enunciado de la misión personal, para repasarlos constantemente y comprometernos con ellos.

 

La dimensión mental

 

Para hacer una renovación mental podemos recurrir a dejar de estar tan enfocados en la televisión o en el internet y dedicarnos más a estas actividades:

  • la lectura, leyendo libros con contenido de calidad,
  • la escritura, el autor sugiera llevar un diario donde se anoten los pensamientos, experiencias y aprendizajes,
  • También la actividad de organizar y planificar, pues de esta forma se empieza con un fin en mente y se practica la visualización e imaginación.

 

La dimensión social/emocional

 

Esta área a diferencia de las anteriores se enfoca en los hábitos de la victoria pública, dado que nuestra vida emocional se desarrolla a partir de nuestra relación con otros.

 

Entonces para poder renovarla es necesaria la práctica diaria, con aquellos seres que de una u otra forma son parte de nuestras vidas, y practicar significa que si se encuentran en alguna situación de problema o conflicto entonces se debe empezar con el hábito cuatro, buscar un ganar/ganar, luego pasar a primero comprender para luego ser comprendido, es decir escuchar y entender al otro, luego intentar que entienda también la postura de uno, y finalmente utilizar la sinergia para encontrar una solución común.

 

Finalmente, la renovación equilibrada es sinérgica en grado óptimo. Lo que uno hace para afilar la sierra en cualquiera de las dimensiones tiene un efecto positivo en las otras, porque todas están altamente interrelacionadas. Al progresar en una dimensión, acrecentamos nuestras aptitudes en las otras.

 

Los siete hábitos de las personas altamente efectivas producen una sinergia óptima entre esas dimensiones.

 

Este séptimo hábito, el de la renovación, en realidad es el principio  que nos permite ascender en una espiral de crecimiento y cambio, de perfeccionamiento continuo, nos conduce a nuevos niveles de comprensión y a vivir cada uno de los hábitos en un plano cada vez más elevado.


2 comentarios

MIGUEL · 19 julio 2021 a las 11:03 PM

me gusta mucho lo que haces ya hasta le estoy tomando gusto a leer platicas de los libros como algo muy agradable que te invita a leerlos o saber mas de ellos soy pesimo leyendo en si soy todo un caso pero te escuchado y empizo a tomarle el gusto.

gracias
Dios te bendiga.

    Nadia Benites · 20 julio 2021 a las 11:56 PM

    Muchas gracias Miguel por tu comentario, me anima mucho a seguir haciendo esto! Y me alegro también que le empieces a tomar el gusto a los libros y a la lectura, es justo uno de los objetivos del podcast, incentivarlos a querer saber más.
    Un saludo enorme.
    Nadia

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